Manitas revestidas de hueso y una nueva imagen en la pantalla ajena de la competencia del fiel pero exagerado hermano. Bob Esponja molestando a Calamardo sin dejarlo existir a mis espaldas. Ruido de canciones extrañas que ahora no mencionaré. Las teclas del mesenger trabándose a los lados. "Oh, caracola mágica, dinos qué debemos hacer"...
La televisión se apaga, las clases se terminan, el tonto que has escojido para no empezar el próximo año a solas en la madrugada embriagada por sidra del aurrera no te llama porque por fin se dió cuenta de que es larga distancia y le van a descontar lo del recibo de las charlas de la semana pasada del bono navideño que la abuela mandará en una postal.
Y total, siempre hay una niña curiosa que desea jugar contigo porque su madre se entretiene chateando y le da la espalda. No sé qué me importa a mí si ya tengo (por fin) mis guantes de huesos -y mis disculpas a Frank por no haberlos podido conseguir originales-.
Total, las fotos en las paredes de luchadores mediocres extranjeros no me van a inspirar para salirme de aquí sin pagar e ir a hacer mi extenza tarea. Ya es mucho con que haya reconocido cómo encender el CPU de esto, ¿no?
Y bueno, una vez que descubres que le gustas a uno de los amigos que te salvan el dia y enceguida te roban el celular, es difícil poder concentrarse en los gritos de la nena que pide por papá-.
Pero qué-más-dá!, si de todos modos es lindo, zopenco y te besa la mejilla cuando nadie los ve. Te abraza y no lo admites pero te sentiste como un maldito helado derretido en las cálidas manos de un niño que muere por comerte y que se chupa los dedos luego de tocarte (...)
¡Ay, las cosas que pueden pasar en el camino de Tecámac a Puebla! [-no hay prisa, no escribas rápido, de todos modos se te van a trabar los huesos. -¿me quedaron bien, verdad? -sabes que sí...] Todo lo que puedes admitir con las ventanas cerradas herméticamente sin lugar a dónde huir y ocultar otro semestre lo que sentías...
OCTAVO POEMA AL QUERIDO CAMPANTE
Tu sangre clama por mí desde el fondo de tus venas,
extraño tenerte de cerca.
Sólo tu compañía protectora resguarda mi espíritu
de los gritos de los niños maltratados que se esconden tras la cortina...
Las horas que arrastra la tarde se diluyen ante mis ojos sin remedio,
sin forma alguna de poder retenerlos,
así mismo te pierdo cuando los deberes te llaman, guerrero.
Inevitablemente, me quedo encerrada cuando la noche
y somos entonces, espíritus lejanos que los médiums no comunican.
¿Puedes hacer algo para aliviar mi soledad?
Y es que palabras a lo lejos perturban mis noches,
me ponen al filo de un abismo donde ya he caído.
Alejas y atraes mis malos ánimos,
peor aún que la Luna a las mareas,
aunque mis aguas son tranquilas, turbadas se encuentran desde que me diste el placer de tu presencia.
Tal vez no se le vea el caso a este vaivén de impresiones,
y es por eso, mi marcial mediano, que la noche me traga con todas sus inconsistencias
y me obliga a dirigirte estas palabras tan complicadas al sencillo entendimiento que contienes...
Delicadamente, su doncella cargante...