Y nada de hojas secas...
Y nada de hojas secas.../(La mañana romántica, como ruido espumoso, /se derrama en la calle de este incoloro/por donde a veces pasan repartiendo programas, /y es una clara música que se oye con los ojos /y la palidez enferma de la super-amada.
En tanto que un poeta, /colgado de la ventana, /se muere haciendo gárgaras de plata electrizada.
Subido a los peldaños de una escala cromática, / barnizo sus dolencias en vocablos azules,/ anclada en un letargo de cosas panorámicas, / su vida se evapora lo mismo que un perfume.)
-Mi tristeza de antes es la misma que hoy.
-Tú, siempre con tus cosas.
-¡Oh, poeta, perdón! / (En el jardín morado se rompe el equilibrio fragante de una flor).
-Sol, blancura, etc., y nada de hojas secas.
-La vida es solo un giro que se me cuelga al cuello lo mismo que un adiós.
-Hablemos de otra cosa, te lo ruego. / (Su voz tiene dobleces románticas de felpa que estuvo mucho tiempo guardada en naftalina, y duerme en sus cansancios ingrávidos de enferma, la elegancia de todas las cosas amarillas.
Y mientras la mañana, atónita de espejos/ estalla en el alféizar de la obra vulgar,/
el dolor se derrama, lo mismo que un tintero,
sobre la partitura de su alma musical.)



