Día de muertos
Y salí aquella noche con mi corazoncito lleno de alegría. Por fín se había llegado el tan ansiado día. Andaba por las calles en el mercado, recogiendo dulces, comprando cosas para sazonar el asado, cuando de repente, te ví. Con una veladora en la mano que me indicaba el camino. Con una flor deshojada k me guiaba a mi supuesto destino.
Y entonces de repente me tomaste de la mano, me arreglaste, me pusiste en un ramo. Te ví escribiendo rimas,, te ví recibiendo a tus amigas... Te oí decir palabras bien bonitas,,, de ilusiones se llenó mi esponjada cabecita,,, hasta que me dí cuenta de a quién en realidad se las recitas.
Pero de verdad no me importa qué tan tonto puedas llegar a ser, sólo me gusta imaginar k me llegaste a querer,, aunque ahora me quemo junto a la vela y la Virgen se me queda viendo feo, estoy contenta porque ya sabes que yo a tí sí te kiero.
Obvio no tienes idea, verdad. La idea de una flor enamorada de un vagabundo saqueador de tumbas.... ¿ya cuántos cráneos de poetas malditos te has robado?
Hoy, aquí, junto a los tamales y a las simpáticas calaveras de azúcar y gomita, esta florecita de nuevo te invita. Vamos a recostarnos sobre la tierra del descanzo eterno, vamos a disfrutar antes de que llegue el frío invierno. Vamos a lograr consagrar el Día de Muertos por siempre, dejemos a los espíritus fuera y metámonos a sus tumbas donde nadie nos vea. O convirtámonos juntos en espíritus para probar todas las ofrendas sin que nadie nos vea. Nadie tiene por qué enterarse,,, nadie tiene por qué estar desenterrado. Mira, hagamos nuestro ése rincón olvidado.
Aunque del paraíso hemos sido expulsados, siempre podremos volver disfrazados de santos...



